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miércoles, 11 de septiembre de 2013

Crianza y genealogía - por Martina Nicolás


Martina Nicolás es madre y aficionada a la psicogenealogía y a la medicina natural.




Soy partidaria de la crianza conversacional. Pienso que uno de los problemas de la sociedad actual es la falta de comunicación en las familias y que debemos hacer todo lo posible por fomentar el diálogo entre todos los miembros que la componen y enseñar a los niños a verbalizar sus emociones y sus pensamientos.

Hay palabras que hieren, pero hay silencios que hieren mucho más profundamente. Nicholas Abraham decía que los fantasmas no son los fallecidos que vienen a aparecerse, sino "las lagunas dejadas en nosotros por los secretos de los demás". Estas lagunas las provocan, sobre todo, los secretos familiares. Sus consecuencias pueden ser dramáticas no sólo para uno mismo sino también para sus descendientes. El fantasma se hereda. Y crece.

Para evitar la perpetuación de los fantasmas hay una herramienta que no por sencilla deja de ser sumamente poderosa: el genosociograma y el árbol genealógico. A todos los niños les gusta crear, con la ayuda de sus padres si es posible, su propio árbol genealógico. Esta construcción debe ir acompañada de relatos de historias familiares, las buenas y las malas, las divertidas y las dramáticas.


¿Cómo construir el árbol genealógico?




  • Lo primero y más importante es que cada niño debe construir el suyo. No importa que haya varios hermanos cuyos árboles vayan a tener un contenido idéntico. Cada uno debe hacer el suyo y decidir cómo lo quiere.


  • Pueden elegir el formato y los colores. Hay quien prefiere un gran póster y hay quien prefiere un desplegable de papel. Se puede usar la imagen del árbol o hacer simplemente un diagrama.


  • Se puede empezar por el antepasado más antiguo del que se tenga conocimiento o se puede empezar por la propia persona (el niño) e ir subiendo de generación en generación.


  • Si se tienen fotos de cada componente del árbol, tanto mejor. A su lado se escriben los datos de que se disponga (nombre y apellidos, fechas y lugares de nacimiento y muerte) y se vincula con diferentes tipos de flechas o enlaces hacia los hijos, padres y hermanos.

El árbol irá creciendo a medida que se consiga más información o a medida que lleguen nuevos miembros a integrar la familia. Observándolo podemos utilizarlo para contar historias familiares, vividas o recibidas de padres y abuelos, de modo que cada niño podrá ir construyendo su personal historia familiar.


¿Cómo construir el genosociograma?


El genosociograma no está recomendado para niños sino para adultos, independientemente de que dispongan previamente de su árbol genealógico o no.

Un sociograma es una representación de vínculos y relaciones; el genosociograma, por tanto, es la representación de los vínculos genealógicos. Consiste en construir un árbol genealógico pero completándolo con toda la información que se conozca o recuerde, sin necesidad de documentarla. Si ya se dispone de un árbol genealógico, puede usarse aquél como base para la construcción del genosociograma.

¿Qué tipo de información se incluye, además de la básica de nombres, apellidos, fechas y lugares de nacimiento y defunción? Puede incluirse cualquier detalle que se recuerde o del que se tenga conocimiento. Por ejemplo: si hay hermanos de leche; quiénes han convivido en la misma casa; las causas de las defunciones; las pérdidas gestacionales; los exilios; las relaciones rotas; los apadrinamientos; las profesiones; las aficiones; los rasgos físicos o de carácter; las enfermedades, etc.

El genosociograma a menudo sirve para descubrir patrones, como fechas señaladas que se repiten, historias paralelas o defunciones similares. Ello hace que las lagunas de las que habla Abraham sean menos profundas y que, a pesar de no poder comprobar la existencia de los secretos y los datos concretos de cada uno de ellos, seamos capaces de sanar las heridas heredadas y evitar así traspasarlas a las próximas generaciones.




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lunes, 9 de septiembre de 2013

Método Doman: ¿para qué?



Este blog empezó, hace ya algo más de cinco años, como un archivo personal donde recopilaba mis respuestas a las preguntas que, en foros y por email, me llegaban sobre el Método Doman y, en menor medida, sobre el Método Kumon.

Comenzó como una herramienta para mi propia comodidad, porque muchas de las preguntas se repetían y resultaba más sencillo remitir a la gente a una entrada del blog que volver a explicarle lo mismo. Una de las preguntas que se siguen repitiendo sobre el Método Doman es ¿para qué?


Imagen tomada del blog http://experimentalmom.wordpress.com




Algunas personas no entienden por qué algunas madres decidimos hacer esto con nuestros hijos. Yo lo he explicado varias veces y en diferentes lugares, pero volveré a contestar.

  • En primer lugar, lo hacemos porque es divertido. Porque las sesiones de Doman se plantean como un juego que nos gusta a ambos. El propio Glenn Doman es el primero en establecer esta regla: si tú o tu hijo no os divertís, déjalo.

  • En segundo lugar, lo hacemos porque fortalece el vínculo madre/hijo (o el vínculo entre el niño y la persona que se ocupe de hacer las sesiones con él). Porque es una actividad que no compartimos con otras personas, es un tiempo diario que pasamos juntos (divirtiéndonos ¿recuerdan?).


Lo que recomiendo siempre a todo aquél que esté interesado en informarse es que comiencen por leer los libros de Glenn y Janet Doman. Ellos resolverán todas sus dudas. Leyendo los libros comprobarán que el objetivo no es crear pequeños genios, que no se trata de agobiar a los niños con interminables horas de estudio ni nada parecido. Esto es un juego de consecuencias muy positivas y sin ningún efecto colateral negativo, siempre que se haga como se recomienda. Y si no están convencidos, simplemente no lo hagan.



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