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viernes, 31 de octubre de 2008

Actibooks de Imaginarium



Me gustan las tiendas Imaginarium y me resulta difícil resistirme a la tentación cada vez que paso delante de alguna de ellas.


La última vez descubrí una colección de libros de actividades que ellos llaman "libros de deberes". Realmente, es como las típicas fichas que se hacen en la escuela infantil, sólo que presentadas de una forma mucho más atractiva. El libro viene con un rotulador que puede borrarse, de modo que puedes usar el mismo libro una y otra vez. Además, incluye un CD para hacer los mismo ejercicios en el ordenador.


Existen cinco Actibooks, protagonizados por Cenicienta, Pinocho, Blancanieves, Los Tres Cerditos y Caperucita Roja. Están destinados a niños de 3 a 6 años y cuestan 10€.


lunes, 27 de octubre de 2008

La frase del lunes: George Kneller

Para tener un pensamiento creativo, debemos dar una nueva mirada a las cosas que normalmente damos por sentadas.

George Kneller


domingo, 26 de octubre de 2008

Enseñar a leer con el método Doman: algunas dudas frecuentes





Una lectora me hace un par de consultas que son habituales en todos los que empiezan en esta aventura de enseñar a leer a sus bebés con el método Doman.

Su primera consulta es acerca de una cosa que hace su hija cada vez que le enseñan un bit: ella repite la palabra. Eso no es ni bueno ni malo. De hecho, lo único que puede pasar es que aumente rápidamente su vocabulario ya que, al repetir las palabras en voz alta, la escucha de nuevo y eso le ayuda a asimilarla. Cada niño reacciona de una forma diferente y hemos de estar atentos a ello, ya que nos dará muchas pistas sobre las variaciones que podemos hacerle al método para que se adapte al 100% a nuestro hijo.

Otra consulta es sobre la velocidad. Cuando la madre dice la palabra, la niña la mira a ella en vez de mirar al bit. Eso no es ningún problema. Los niños necesitan menos de un segundo para captar la imagen de la palabra... El problema es que la madre, en este caso, le enseña el bit por un ratito más para asegurarse de que lo ve. Bien, esto es totalmente innecesario. Doman dice, y tiene razón, que es más fácil aburrirles por ir demasiado lentos que por ir demasiado rápidos. Además, cada palabra la van a ver más de una vez, con lo cual, en caso de que no la hubieran visto bien la primera vez, pueden verla mejor en las siguientes sesiones.

Por último, la famosa duda sobre las sesiones. Leyendo el libro "Cómo enseñar a leer a su bebé" uno se puede hacer un esquema preciso del número de sesiones, el número de palabras por sesión, etc. En mi opinión, esto también es innecesario. Cada uno debe organizarse según mejor le vaya, en función de sus circunstancias personales y familiares. También depende de lo que pida el niño. Algunos niños prefieren una sesión larga al día a muchas cortas. Otros niños (o los mismo niños pero en otra época de sus vidas) prefieren ver sólo tres o cuatro palabras al día. Todo esto, en realidad, no es esencial. Lo esencial es divertirse ;) Los resultados son sólo un efecto colateral...






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sábado, 25 de octubre de 2008

Método Doman: Un apunte sobre el abecedario


Si has leído a Doman sabrás que recomienda encarecidamente no enseñar el abecedario a los niños. No al principio, al menos. Éste es uno de los puntos más interesantes sobre el método y de los que llevan a más equívocos.

El motivo por el que en los métodos globales para enseñar a leer (como el método Doman) se enseñan primero palabras completas y no el abecedario es bien simple: las letras son abstracciones. "a" o "b" no significan nada para un niño. En cambio "manzana" o "libro" sí significan algo que él puede reconocer.

Se supone que el niño que es expuesto a una cantidad suficiente de palabras, de un tamaño adecuado a su canal visual y en el orden correcto, irá descifrando el código.

¿Te estás preguntando qué es eso del "orden correcto"? Sólo hay una regla: no le enseñes nunca seguidas dos palabras que empiecen por la misma letra, pues el niño podría confundirse. Podría confundirse porque el código normalmente se va descifrando de éste modo:

Primero reconocen las iniciales, de modo que fácilmente confundirán la palabra "mamá" con la palabra "miércoles". Después empiezan a reconocer también la última letra, de modo que ya distinguen "mamá" de "miércoles" pero pueden confundir "mañana" con "manzana". Luego se van fijando en las letras del centro de la palabra. En algún punto de este proceso, el niño va mostrando interés por conocer todas las letras. ¡Esto es bueno! No dejes de responder a sus preguntas sobre el abecedario sólo porque Doman recomienda no empezar por él. no empezar por él no significa no enseñarlo, especialmente si el niño muestra interés.


martes, 14 de octubre de 2008

Excalibur, o lo que significa una madre



Según mi amiga Sandra, si hay una escena en toda la historia cinematográfica que transmite la fuerza que una madre le puede dar a un hijo, ésta es el Vía Crucis de La Pasión de Cristo, de Mel Gibson.

Cuando, durante el Vía Crucis, María está buscando a su hijo y, de repente, escucha el ruido de la cruz arrastrada, para por un momento, cierra los ojos y recuerda una escena de la infancia de su hijo: el niño se cae y la madre le dice, con autoridad pero con amor: "Jesús, levántate". Y el niño se levanta. En ese momento de la película, Jesús se cae bajo el peso de la cruz. María, entonces, se acerca y le dice de nuevo: "Jesús, levántate". Y Jesús, se levanta. Si se lo hubiera dicho cualquier otra persona, probablemente no habría tenido la fuerza necesaria para levantarse.

Ahora que mi hijo está totalmente fascinado por la leyenda del Rey Arturo, he descubierto una escena que transmite ese mismo sentimiento, esa fuerza casi sobrehumana que le da a un hijo la sola presencia de su madre, ese sentirse capaz de cualquier cosa por ella, en la versión de Antoine Fuqua.

Lejos de la leyenda fantástica del concurso organizado por el Mago Merlín para encontrar al nuevo Rey de Inglaterra, para lo que clavó a la espada Excalibur en una roca, de modo que el que fuera capaz de sacarla se convertiría en Rey, la versión de Fuqua es mucho más emotiva, mucho menos "fairy tale". Viendo a su pueblo atacado, un Arturo todavía niño queda inmóvil hasta que ve a su propia madre en peligro. 


Entonces corre hasta la tumba de su padre, sobre la cual está clavada su espada, como se hacía con los caídos en combate, y la arranca para intentar salvar con ella a su madre, con la misma fuerza con que Jesús se levantó al escuchar a María.

lunes, 13 de octubre de 2008

La frase del lunes: Glenn Doman


La curiosidad intensa es una característica que comparten los verdaderos científicos, los genios y todos los niños pequeños.


domingo, 12 de octubre de 2008

A jugar con Estivill: Yo pongo la mesa


La primera sección de juegos para enseñar tiene como objetivo enseñar buenos hábitos en la comida. A priori, suena apasionante, pero habrá qué ver cuál es el concepto de "buenos hábitos en el comer" que maneja este hombre.

El juego número 1 se llama "Yo pongo la mesa". Para jugar hay que tener al menos 5 años; lo he estado pensando durante dos semanas y no he conseguido comprender por qué. Pero, en fin... Lo primero que hay que decirle al niño es que "como ya es mayor, ya está preparado para ayudarnos". ¡Ojo! Que si después nos pide algo y le contestamos que es "demasiado pequeño" nos veremos metidos en un buen aprieto.

El primer día empiezas tú porque tu hijo, aunque "ya es mayor" todavía no sabe hacer lo que tendrá que hacer en este juego; así que empiezas tú para que él lo vea y lo pueda hacer al día siguiente. Simplemente tienes que decirle que salga de la cocina y cierras la puerta. ¡Ojo de nuevo! Si no hay nadie más en la casa, esto puede ser muy humillante para el niño: tú estás en la cocina y lo estás echando a él afuera, lejos de ti, dejándolo solo.

Entonces, cuando estés sola en la cocina y con la puerta cerrada (para que no vea lo que estás haciendo) pones la mesa y la decoras con todo tipo de elementos que se te ocurran: flores, piedras, hojas, etc. Incluso velas.

Enciende las velas. Apaga la luz. Abre la puerta y dile al niño que se prepare para la cena más bonita de su vida. Sigue: "Una vez sentados a la mesa, apaga las velas y retira todos los extras decorativos. No olvides que los niños se cansan enseguida."

Le dices que vaya pensando qué cosas va a utilizar él para decorar, porque le tocará hacerlo al día siguiente, y que cada día le enseñarás a colocar una cosa: platos, vasos, cubiertos, servilletas... ¡Y yo que creía que un niño de 5 años ya era capaz de poner TODAS esas cosas sobre la mesa!

Al final viene el truco o, más bien, la explicación científica: "cuando el niño lo haya hecho 5 o 6 veces, se aburrirá. Pero antes de que pase eso, ya le habrás inculcado un hábito que no olvidará. Puedes volver a repetir este juego pasado un tiempo, si hace falta".

Vamos a ver, que me aclare: si los niños se aburren enseguida, que alguien, por favor, me explique por qué mi hijo es capaz de ver la misma película 50 veces seguidas y de escuchar el mismo cuento noche tras noche durante meses. ¿Es que mi hijo tiene algún tipo de problema?

Me surge otra duda: si después de 5 o 6 días haciendo este juego, el niño se aburre, ¿cómo es posible que se le haya inculcado el hábito? Es decir, ¿es que el niño se aburrirá de decorar la mesa pero no se ponerla? Aparte del hecho de que me parece muy poco divertido decorar la mesa para luego quitarlo todo antes de cenar...

jueves, 9 de octubre de 2008

Experimento científico casero: el aire y la combustión


Daniela nos manda este experimento desde Argentina:

El experimento puede utilizarse para demostrar dos cosas: que el aire ocupa lugar y que es necesario para que se produzca la combustión.

Se necesita:

-una botella de vidrio con la boca un poco ancha, tal que pueda apoyarse en ella un huevo y el mismo no pase
-un papel
-un huevo duro sin cáscara
-encendedor
Y una breve y sencilla explicación previa en donde le diremos al niño que vamos a demostrar con el experimento que el aire ocupa lugar y que el fuego necesita del aire (específicamente, del 20% del aire que es oxígeno).

Colocamos dentro de la botella el papel encendido. Como dentro de la botella hay aire, el papel sigue encendido dentro de ella (esta conclusión podemos obtenerla del niño haciéndole preguntas que conduzcan a ella)
enseguida colocamos el huevo cubriendo totalmente la boca de la botella.

Dos cosas sucederán: en poco tiempo, el papel se apaga y mientras el fuego se va extinguiendo vemos que el huevo, que por su tamaño no pasa por la boca de la botella, empieza a pasar. Se extingue el fuego y el huevo atraviesa el cuello de la botella, entrando dentro de ella

¿Qué pasó?

¿Por qué el fuego se apagó?

La respuesta es, que al no haber entrada de aire por estar tapada, el fuego consume el oxígeno del aire que hay dentro y cuando el oxígeno se acaba, la combustión termina.

¿Por qué el huevo es forzado a entrar en la botella?

Porque el oxígeno (así como todos los gases) ocupa lugar, aunque no lo veamos. Si el oxígeno se consume, queda dentro de la botella un espacio vacío que "chupa" al huevo.


*Gracias, Daniela. Ya sabéis, si alguien se anima a probarlo, puede mandar las conclusiones y las fotos ;)

lunes, 6 de octubre de 2008