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martes, 14 de octubre de 2008

Excalibur, o lo que significa una madre



Según mi amiga Sandra, si hay una escena en toda la historia cinematográfica que transmite la fuerza que una madre le puede dar a un hijo, ésta es el Vía Crucis de La Pasión de Cristo, de Mel Gibson.

Cuando, durante el Vía Crucis, María está buscando a su hijo y, de repente, escucha el ruido de la cruz arrastrada, para por un momento, cierra los ojos y recuerda una escena de la infancia de su hijo: el niño se cae y la madre le dice, con autoridad pero con amor: "Jesús, levántate". Y el niño se levanta. En ese momento de la película, Jesús se cae bajo el peso de la cruz. María, entonces, se acerca y le dice de nuevo: "Jesús, levántate". Y Jesús, se levanta. Si se lo hubiera dicho cualquier otra persona, probablemente no habría tenido la fuerza necesaria para levantarse.

Ahora que mi hijo está totalmente fascinado por la leyenda del Rey Arturo, he descubierto una escena que transmite ese mismo sentimiento, esa fuerza casi sobrehumana que le da a un hijo la sola presencia de su madre, ese sentirse capaz de cualquier cosa por ella, en la versión de Antoine Fuqua.

Lejos de la leyenda fantástica del concurso organizado por el Mago Merlín para encontrar al nuevo Rey de Inglaterra, para lo que clavó a la espada Excalibur en una roca, de modo que el que fuera capaz de sacarla se convertiría en Rey, la versión de Fuqua es mucho más emotiva, mucho menos "fairy tale". Viendo a su pueblo atacado, un Arturo todavía niño queda inmóvil hasta que ve a su propia madre en peligro. 


Entonces corre hasta la tumba de su padre, sobre la cual está clavada su espada, como se hacía con los caídos en combate, y la arranca para intentar salvar con ella a su madre, con la misma fuerza con que Jesús se levantó al escuchar a María.