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miércoles, 28 de mayo de 2008

Reflexiones acerca del método Doman de lectura



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A veces a las madres se les ocurre innovar. Se les puede ocurrir, por ejemplo, alternar los colores de los bits de lectura, para hacerlo más ameno.

Entonces surge la duda: ¿estaré haciendo lo correcto? Porque, claro, la propuesta de Doman se denomina "método" y un método es una guía que nos indica qué camino llega a qué lugar, ¿no?

En el caso concreto de la lectura, es conveniente enterarse muy bien de cómo es el método. Hay que tener en cuenta que la teoría desarrollada a partir de la experiencia con niños con lesión cerebral fue actualizada gracias a los testimonios de MILES de familias que lo habían aplicado con niños sanos y habían realizado algunas variaciones: cada familia la adaptó a sus
características/necesidades/posibilidades y el método fue reestructurado cogiendo las variaciones más habituales.

Así que ¿quién dice que dentro de 20 años no saldrá una nueva edición del método con las adaptaciones que NOSOTRAS hacemos ahora?

Entonces, la teoría de los colores va así (todo tiene un "por qué" en este método):

se empieza con el rojo porque se supone que empiezas cuando el niño es bebé y, por tanto, no tiene desarrollado el canal visual de modo que el color que mejor distingue es el rojo.

Más adelante (y sólo tú puedes saber cuando es ese momento) pasas al negro, porque para un canal visual ya maduro, negro sobre blanco es, por contraste, lo que más destaca.

¿Qué pasa si combinas colores? Que, probablemente, el niño se fije más en el cambio de color que en la palabra. Por algo en inglés se habla de "flashcards". Cada bit es un flash, un microsegundo, o un nanosegundo, en el que el niño ve perfectamente la diferencia entre:

pájaro
botella
muñeco
agua

PERO, si los bits no son

pájaro
botella
muñeco
agua

sino que son:

pájaro

botella

muñeco

agua



el esfuerzo es mayor: la vista y el cerebro ya no se centran en la ESCRITURA sino que dispersan la atención y, en vez de darse cuenta de que "pájaro" y "muñeco" terminan en "o", lo que ven es que "botella" y "agua" tienen algo en común.

¡¡CLARO!! ¡¡Son azules!! El niño ha hecho un descubrimiento. Pero es un descubrimiento que entorpece y ralentiza nuestro propósito.

Por eso es importante leer a Doman, leer a sus críticos, leer a sus seguidores y, sobretodo, observar a tu propio hijo y a ti misma: ¿os hace sentir cómodos combinar colores? Adelante. Hazlo. Conseguirás algo. Y cuando 500 madres más hayan alternado colores, quizás llegaremos a alguna interesantísima conclusión y podremos escribir a los IAHP para que publiquen la tercera versión del método.

La otra opción es ir a "lo seguro", hacer lo que miles de padres recomiendan y, en función de eso, ver qué cosas son "adaptables" y cuáles no, o no tanto.